Hechos para la vida

La Cuestión de la Esperanza

Billy Humphrey
2 agosto, 2015

La Cuestión de la Esperanza

Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor (1 Corintios 13:13). Este versículo no sólo habla del amor; los tres son importantes. Y aunque muchas veces solamente se habla de la fe y el amor, el tema de la esperanza pocas veces se toca.

El creyente, en ocasiones se envuelve en la dinámica de la vida diaria; ir a la iglesia 2 ó 3 veces por semana, ir a trabajar, comer, dormir, y así semana tras semana olvidándose de las expectativas que podemos tener en Dios. Hebreros 11:1 nos dice “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”. Nosotros buscamos la fe porque la fe es para “ahora”, y nos olvidamos de la esperanza porque ésta es para el “futuro”. Pero la fe es la sustancia de lo que se espera, por lo tanto, está hecha de la esperanza; si no tenemos esperanza, no tenemos fe.

La esperanza definida bíblicamente es completamente diferente a la esperanza que normalmente escuchamos. Esperanza significa estar expectante en que Dios es eterno y más que suficiente para cumplir todo lo que ha prometido.

Se tiende a pensar que la persona que tiene esperanza es inmadura. Pero Dios es por siempre y para siempre, todo fue creado por Él, su trono es la autoridad de todo lo creado, no importando quién sea el líder o la autoridad, Él siempre es la autoridad mayor. Por ende, si yo volteo a verlo a Él, y dejo que Él forme mi perspectiva y mi información, tengo que estar expectante que Dios sigue siendo Dios y para Él no hay nada difícil.

Algunos han estado orando por mucho tiempo para que Dios haga algo, y se preguntan, ¿dónde está la promesa? Si no te rindes y volteas a verlo a Él, aun habiendo pasado mucho tiempo, Dios responderá, y la respuesta será fantástica. Inclusive puedes pensar que las promesas que Dios ha hecho, que aún no vemos cumplidas, Dios nos las mostró para alguien más, lo que puede provocar heridas en nosotros. Pero Dios nos dice: esas promesas son para ti. Aunque parezca mucho tiempo por los años que han pasado, para Dios son solo segundos.

En Gálatas 6:9 Dios promete, “No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos”. Si no nos rendimos veremos su respuesta, no importa por lo que estemos pasando, porque cuando estamos en un valle, se nos dificulta ver lo que Dios ya nos enseñó en la montaña, pero tenemos que recordar y no dudar lo que Dios nos prometió.

Lo que la iglesia necesita ahora es una inyección de esperanza. La esperanza no ignora los retos, sino que al compararlos con Dios, son nada para Él. Cada día se complica más la situación, las nuevas leyes que abrazan la perversión, la cuestión política, persecución de la Iglesia y demás situaciones que están pasando en el mundo pueden afectar nuestro corazón, pero lo que se necesita, es un corazón lleno de esperanza, porque si el enemigo se lleva nuestra esperanza, se roba también la fe.

El arma más poderosa que tiene el enemigo es el desánimo, porque cuando esa arma te golpea te quita tu coraje, por ende, tus ganas de pelear. Si no tenemos esperanza, no tendremos la valentía, y no pelearemos. Si no tenemos esperanza, no tendremos fe y por lo tanto no veremos las promesas de Dios. La esperanza es una decisión, y tenemos que decidir tener esperanza, así también decidir qué es lo que vamos a esperar. Sacudámonos y despertémonos para recordar que Dios es Dios, y Él siempre nos guía a su victoria. Tenemos todas las razones para estar expectante ya que Dios es Dios y Él cumple sus promesas; Él responde a nuestras oraciones, porque Él así es, su deseo es hacer el bien para Sus hijos.