Hechos para la vida

Débiles Esforzados

Alan Hernández
8 marzo, 2015

Débiles Esforzados

La cueva de Adulam es una figura de la iglesia. Adulam significa un lugar de justicia. En 1 Samuel 22:1-2 nos dice que se le “juntaron” a David (quien es un tipo de Cristo) todos los afligidos (gente angustiada hasta el estrés por diferentes situaciones de la vida), los endeudados (gente que los intereses de la deuda los tiene con el agua hasta el cuello) y los que venían con amargura de espíritu (gente que ha sido golpeada por la vida). Aquí la gente no se ponía máscaras, sino que reconocían que eran imperfectas.

La iglesia es gente imperfecta que busca a un Dios perfecto. Podemos ver que los héroes de la fe fueron llamados por Dios así por una característica: creer en Él y agarrarte de Él. Muchas veces no vemos el proceso de cómo el Señor hace el cambio, pero es a través de abrazar la gracia que Dios hace Su obra. “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo” (2 Corintios 12:9). ‘Bastarse de Su gracia’ es entender que Cristo ya lo hizo.

Los héroes de la fe aunque débiles y con muchos defectos, se esforzaron en creerle a Dios. Un ejemplo es Josué, que se enfrentó a dos retos: la gran responsabilidad de introducir a un pueblo numeroso a la tierra de Canaán, y tomar el lugar de un líder tan emblemático como Moisés; pero en el libro de Josué leemos que Dios lo anima a que se esfuerce en 3 cosas:

“Esfuérzate y sé valiente; porque tú repartirás a este pueblo por heredad la tierra de la cual juré a sus padres que la daría a ellos” (1:6). Dios nos a esforzarnos porque tenemos un propósito. Hay ocasiones donde tienes un propósito, un destino definido, pero también hay veces que no sabes a dónde vas, pero aquí la fe es para atravesar dificultades; para los dos hay que esforzarse en creer y confiar en que Dios hará.

“Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas[…]. (1:7-8)”. La segunda cosa en la que debemos esforzarnos es en la Palabra. Nosotros tenemos una enfermedad crónica: la carne, con una mente que no va a Dios por naturaleza, produciendo rebeldía, desobediencia; pero la Palabra es la medicina que no podemos dejar de tomar, pues entonces los síntomas desaparecen. Es por eso que es tan importante ser tan insistentes en leer la Biblia y orar, si no, los síntomas regresan.

“Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas” (1:9). Dios manda que no demos espacio al temor que produce el mundo, las circunstancias alrededor o el temor que mismo diablo quisiera traer a tu vida.